lunes, 16 de septiembre de 2013

Denis Alejandro Dieguez Tije, siempre supe que las lineas eran lo mio, desde que los maestros en básicos me pedían dibujar en la pizarra, desde que la profesora de artes plásticas me presagiaba ser arquitecto, desde que todos estos maestros me pedían bodegones pintados por mi a los 11 años, yo sabia que la arquitectura a acompañado al hombre en sus actividades, el hombre se rodea por la arquitectura y sus funciones, por eso nunca tuve que decidir que quería ser cuando fuera grande, aunque si me lo hubieran preguntado a los 7 quería ser arqueólogo puede que  por los dinosaurios o mas bien porque siempre me ha gustado la historia detrás de los muros, pero yo nunca pensé poder hacer historia en un muro.

He tenido suerte de no tener un destino perfecto, trabajando como carnicero o como conserje me he visto a mi, como el consumidor de un espacio o de una actividad configurada por áreas  y un baño de humildad que no siempre es bienvenido. Me considero una alma vieja, o alguien que tiene demasiada nostalgia por el pasado, talvez ni fue mi pasado sino el de pueblos y ciudades que no pude vivir, a eso mi afición a películas en blanco y negro, con  mucha tradición y drama.

A los 8 años años inicie estudiando dibujo en una casa de la cultura, haciendo dibujos para mi casa y para mi abuela, tras perderle esos dibujos volvieron a mi. He actuado pero no me considero digno de llamarme actor, alguien que a jugado su suerte por reencarnar la de otro, ese no soy yo,  pero he colaborado en el coro de mi iglesia, para mi no existe una frontera entre un Dios y la naturaleza de un hombre, a menos que sea un simple techo.


Tras dejar todo ese fragmento de mi vida, comencé mi carrera en la facultad de arquitectura de la USAC, donde he dejado horas de trabajo, paralelas a felicidad, depresión  y dicha, es por esto que he recolectado los trabajos hechos por mis manos, cada uno diferente pero hechos con la misma ilusión.



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